Qatar, el Mundial de la Vergüenza

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El año 2022 termina con el mundial de fútbol en Qatar como colofón a un período desastroso y sobre todo decepcionante para todos nosotros tras la situación económica de nuestro país.

Y no hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de que efectivamente el título define claramente el evento que se está celebrando. Podría dar de nuevo el número de muertos que se cobró la construcción del estadio de Jalifa, los ingresos que obtuvo la FIFA en el 2014 y el precario salario de los trabajadores que sobrevivieron, pero eso ya está más que documentado. Cualquiera puede consultarlo en su ordenador en un instante.

Seguimos escribiendo titulares con este nombre, pero también seguimos sin hacer nada. En la televisión, en los medios de comunicación, en todas las plataformas seguimos criticando a quienes acuden allí para disfrutarlo, a quienes lo ven en sus televisores o incluso se bajan al bar de enfrente para no perdérselo, pero aún así nosotros también estamos hablando de él, de ese Mundial de la Vergüenza con mayúsculas.

El fin es quizás que el mundo conozca la injusticia que se ha cometido con miles de trabajadores? Que se sepa cómo las mujeres sufren una profunda discriminación sometida siempre a los deseos de sus maridos? O que los homosexuales pueden sufrir penas de hasta siete años de prisión por tan solo el simple hecho de serlo? Es así como demostramos empatía y solidaridad?Nos justificamos de esta manera para poder vivir con nuestra conciencia tranquila?

Y tras todas estas preguntas sin respuesta, continuamos comentando si España ha ganado el último partido o no, cuando ni siquiera ha tenido la valentía de pronunciarse. se ha mantenido al margen, como un niño en el colegio cuando se esconde tras sus libros para evitar que su maestro le pregunta la lección. es increíble cómo las amenazas de unos pocos, pueden manipular y aplastar a la mayoría.

Sabemos que el dinero nos ha corrompido desde siempre pero tiene que ser tan evidente?
En miles de hogares los niños se han quedado sin sus progenitores sus mujeres y sus compañero de vida y además sin unos ingresos que aunque precarios, era lo que tenían para poder sobrevivir.

Pero seguimos haciendo como si nada, la humanidad está lejos de calificarse como solidaria y todo esto a las puertas de la Navidad donde todos nos deseamos con hipocresía, paz y felicidad sin miramientos.
 Siento vergüenza de mi especie, de esa la que no le importa si una persona se muere en la calle pidiendo de comer, a esa a la que le da igual si se mata a una mujer o a un animal indefenso. Siento vergüenza de aquellos que promueven la libertad para mejorar penas de cárcel a quienes se las merecen y sobre todo siento pena de ver sin remedio, en lo que nos hemos convertido.